El limbo de los ninies
Ni-ni: personaje curioso del quehacer político venezolano cuya característica principal es no pertenecer, apoyar o identificarse con ninguna de las propuestas político-partidistas (gubernamentales u oposicionistas) que ofrece la palestra pública.
Asimismo es entendido como un término peyorativo, dirigido a aquéllos que son indecisos o que simplemente no les interesa la política, y qué por tanto, son execrados y despreciados por aquéllos que sí están identificados con cualquiera de las propuestas partidistas antes mencionadas.
Lo cierto del caso es que parecen ser personas desorientadas, que en otrora creyeron en el proyecto democrático cuarto-republicano y que en estos momentos se encuentran como en el limbo, puesto que se sienten traicionados por los propios protagonistas de ese proyecto y que en la actualidad no logran reconciliar las nociones de democracia con socialismo.
La confusión de estos personajes va más allá del simple nominalismo: por un lado sienten que si protegen la democracia cuarto-republicana incurren en el pecado de justificar lo injustificable, y de defender el origen de todos los males de nuestra sociedad ; pero por otro lado sienten que si se afilian al socialismo están avalando un régimen absolutamente personalista y totalitario, que atentan contra aquellos valores de democracia y libertad sembrados precisamente en la muy criticada cuarta república.
La disyuntiva democracia-socialismo tiene solución. De hecho, ese debate se produjo en Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, y cuyo resultado fue el enarbolar la bandera de la síntesis, donde ambas nociones se amalgamaron y perfeccionaron mutuamente, a tal punto, que el resultado lo tenemos a la vista (Suecia, Dinamarca, Noruega, Francia y hasta la España de Zapatero). Donde la síntesis no se produjo, sino que prevalecieron los extremos ideológicos, los resultados son muy diferentes (los ejemplos escójalos usted).
Y ese amalgamarse y perfeccionarse entre democracia y socialismo se reduce en una sola frase: producir como capitalistas y distribuir como socialistas. Esta síntesis nos debe movilizar a todos, pero no como un individuo tomado en su singularidad, sino como una sociedad que busca organizadamente el bien común.
Hay que insistir en plantear una sociedad sin extremismos o polarizaciones; no utópica sino real, es decir, no buscando una sociedad sin clases sino construyendo una sociedad donde se amplíen las posibilidades de realización y la construcción de las capacidades humanas, y donde se impulse un proyecto común de desarrollo el cual incluya la participación, la seguridad, la sostenibilidad y las garantías de los derechos humanos.
Por tanto, amigos “ninienses”, su posición no indica indecisión ni falta de interés en el destino de la polis; sino que están tan preclaros en su postura que no se reconocen o identifican con ninguno de los polos opuestos. Incluso, quizás sea la más sabia, porque irse por los extremos en tiempos de polarización es muy fácil; difícil es mantener el equilibrio y la cordura ante tanto fanatismo radical.